"La Jornada", 14/dic/94
"Datos para un prontuario"
Por: Eduardo Galeano
Al pie del arcoiris, la olla de oro nos
espera a todos, ricos y pobres,
negros y blancos. En su reciente
reunio'n de Miami, los presidentes de las
Ame'ricas han entonado, una vez ma's, el
una'nime himno de alabanza a la libertad
de comercio. Con la excepcion de Cuba,
que no fue invitada, los representantes
de nuestros pai'ses han repetido lo que
todos los di'as escuchamos proclamar: la
libertad de comercio conduce a la prospe-
ridad y es sino'nima de democracia.
Quiza's no venga mal un repaso, muy a
vuelapluma, de los antecedentes de tan
elogiada se~ora:
. En nombre de la libertad de comer-
cio, los piratas ingleses y holandeses,
Drake, Morgan, Piet Heyn y otros neoli-
berales de la e'poca, desvalijaban a los
galeones espa~oles.
. La libertad de comercio era la coar-
tada de los traficantes de esclavos, que
arrancaron a quie'n sabe cua'ntos millones
de negros del Africa persigna'ndose ante
Dios y las leyes del mercado.
. La libertad de comercio impuso a
balazos el consumo de alcohol a los in-
dios de Ame'rica del Norte, y a ca~onazos
impuso el opio en China.
. Cuando Estados Unidos se indepen-
dizo' de Inglaterra, lo primero que hizo
fue prohibir la libertad de comercio. Las
telas norteamericanas, ma's caras y ma's
feas que las telas inglesas, fueron a partir
de entonces obligatorias, desde el pa~al
del bebe' hasta la mortaja del muerto.
. Para imponer afuera la libertad de
comercio que jama's practicaron adentro,
Estados Unidos invadio' a los pai'ses lati-
noamericanos a un ritmo de una invasio'n
por a~o. En nombre de ta libertad de co-
mercio, William Walker restablecio' la es-
clavitud en Ame'rica Central.
. El latifundio esclavista fue estable-
cido en Paraguay, en el siglo pasado, al
cabo de una larga guerra de exterminio.
Los tres pai'ses invasores, Argentina,
Brasil y Uruguay, enarbolaron la ban-
dera del libre comercio para reducir a ce-
nizas al Paraguay. Este pai's, culpable de
insolencia o locura, habi'a osado poner
obsta'culos a las mercanci'as de la indus-
tria brita'nica y habi'a cometido el atrevi-
miento de no deber ni un centavo a nadie.
. Gracias a la libertad de comercio,
nuestros pai'ses se han convertido en ba-
zares. Asi' ha sido desde los lejanos tiem-
pos en que los mercaderes y los
banqueros usurparon la independencia,
que habi'a sido amncada a Espa~a por
nuestros eje'rcitos descalzos, y la pusieron
en venta. Entonces fueron aniquilados
los peque~os talleres que podi'an haber
incubado a la industria nacional. Los
puertos y las grandes ciudades, que arra-
saron al interior, eligieron los delirios del
consumo en lugar de los desafi'os de la
creacio'n. En Venezuela he visto bolsitas
de agua de Escocia, para acompa~ar el
whisky. En Nicaragua, donde hasta las
piedras transpiran a chorros, he visto es-
tolas de piel importadas de Francia. En
Peru', enceradoras ele'ctricas alemanas,
en casas de pisos de tierra que no lienen
electricidad. En Brasil, palmeras de pla's-
tico trai'das de Miami.
. La libertad de comercio es el u'nico
producto que los pai'ses dominantes fa-
brican sin subsidios, pero so'lo con fines
de exportacio'n. El ma's feroz proteccio-
nismo ha hecho posible el podeno de los
Estados Unidos, el autoabastecimiento
de Europa y la expansio'n del Japo'n. Los
jslponeses nunca dejaron entrar a Hero-
des a sus cumplea~os infantiles; cuida'n-
dose mucho, han crecido tanto que han
terminado por comprarse medio Holly-
wood y el Rockefeller Center.
. Todos los antecedentes indican que
la libertad del dinero se parece tanto a la
libertad de la gente como Buffalo Bill se
pareci'a a San Francisco de Asi's. Pero por
respeto a la libertad de comercio, que es
una forma de la libertad del dinero, los
gobiernos democra'ticos de Espa~a y
Francia no tuvieron ma's remedio que
vender armas a las carniceras dictuduras
de Argentina y Uruguay, en a~os recien-
tes. Y se supone que por ide'nticos moti-
vos, y muy a su pesar, Estados Unidos se
ve obligado a hacer un esple'ndido nego-
cio vendiendo armas a Arabia Saudita,
que no so'lo es su principal cliente sino
que adema's es, segu'n Amnisti'a Interna-
cional, el pai's que ma's viola los derechos
humanos en el mundo.
. En 1954, a Guatemala se le ocurrio'
practicar la libertad de comercio com-
prando petro'leo a la Unio'n Sovie'tica.
Entonces Estados Unidos invadio' Guate-
mala, y en nombre de la libertad de co-
mercio la castigo' a sangre y fuego. Pocos
a~os despue's, tambie'n Cuba olvido' que
su libertad de comercio consisti'a en acep-
tar los precios que Estados Unidos le im-
poni'a. Cuba compro' petro'leo sovie'tico,
las empresas norteamericanas se negaron
a refinarlo y ahi' se armo' todo el li'o que
desemboco' en Playa Giro'n y en el bio-
queo. Han pasado ma's de tres de'cadas, y
Cuba sigue expiando el pecado de creer
que la libertad es libre.
. El libre comercio de la oferta y la
demanda, como los te'cnicos llaman a la
dictadura de los precios en el mercado,
ha obligado al Brasil, en ma's de una oca-
sio'n, a arrojar al fondo del mar buena
parte de sus cosechas de cafe'. No hace
mucho, para defender el precio de la
lana, Australia tuvo que sacrificar y cnte-
rrar 37 millones de ovejas, que bien po-
di'an haber dado abrigo y comida a tantos
hambrientos que en el mundo son.
. En la declaracio'n de Miami, los pre-
sidentes de las Ame'ricas afirman que
"una clave para la prosperidad es el co-
mercio sin barreras". Para la prosperi-
dad de quie'n, no queda claro. La
realidad, que tambie'n existe y no es
muda, nos da algunas pistas. La realidad
nos informa que la libre circulacio'n de
las mercanci'as y del dinero, que desde
hace algunos a~os se viene abriendo paso
en Ame'rica Latina, ha engordado ma's y
ma's a los narcotraficantes, que gracias a
ella han encontrado mejores ma'scaras y
han podido organizar con ma's eficacia
sus circuitos de distribucio'n de drogas y
lavado de do'lares sucios. Tambie'n dice la
realidad que esa luz verde esta' sirviendo
para que el norte del mundo pueda dar
rienda suelta a su filantropi'a, obse-
quiando al sur sus residuos nucleares y
otras basuras.