Fundación Histórica Tavera: Guía preliminar de fuentes documentales etnográficas para el estudio de los pueblos indígenas de Iberoamérica


Introducción Argentina


Por Isabel Hernández y Silvia Calcagno

Centro de Estudios Avanzados Universidad de Buenos Aires



A modo de introducción del informe sobre "Fondos documentales conteniendo datos de interés etnográfico en archivos de la Argentina", acompañamos unas breves consideraciones históricas acerca del proceso de conformación político-administrativa del actual territorio argentino, ya que consideramos que el mismo ha dado el marco y definido los alcances del presente trabajo de relevamiento de las fuentes documentales en nuestro país.

En primer lugar, es preciso tener en cuenta la diversidad de situaciones regionales y, en forma particular, señalar que las fronteras establecidas por los estados nacionales dividieron regiones que en épocas prehispánicas y a lo largo del período colonial, mantuvieron fuertes vínculos económicos, políticos, institucionales y culturales. En el momento del arribo español, las áreas culturales aborígenes eran las siguientes:


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ÁREAS CULTURALES REGIONES GEOGRAFICAS
Yámana, Alacaluf, Selk'nam Extremos Sur
Tehuelche, Querandí, Patagón, Pampa, Mapuche Patagonia y Pampa
Comechingones, Sanavirones, Huarpes,Sierras Centrales y Cuyo
Presencia del Kollasuyu
Tupí Guaraní, Kaingang, Charrúa, Mepén, Chandul, Litoral y Mesopotamia
Gualachi, Mocoretá, Quiloaza Caracara,
Timbú, Coronda, Chaná, Mbeguá
Arawak-Chane, Jaguareté-Avá, Nivaklé
Chiriguano, Chorote, Wichí, Tonocoté,
Lule-Vilela, Matará, Abipón, Mbaya, Payaguá, Toba,
Pilagá, Mocoví. Chaco: Occidental/Central/Oriental
Atacama, Ocloya, Casabindo, Omawaka, Cochinoca,
Abaucan Hualfin, Fiscara, Purmamarca, Pular, Lule,
Diaguita, Olagasta, Cayapan. Presencia del Kollasuyu Noroeste

También cabe reconocer marcadas diferencias temporales entre las regiones, en lo que se refiere al inicio y a la consolidación del dominio colonial, así como al definitivo control de los distintos territorios por parte de los gobiernos de la República, que en algunas zonas recién se efectiviza en el transcurso del presente siglo.

Por otra parte, si bien la Iglesia Católica, desde los comienzos del siglo XVII, comenzó a adquirir un carácter de mayor relevancia, nunca tuvo en nuestro país la influencia que ejerció en otras partes de América hispánica. La pobreza y el aislamiento de la región, atraía a muy pocos clérigos, y hasta el mencionado siglo XVII los Obispados permanecían vacantes durante décadas. Durante el período independiente, tal como lo consignamos en el informe, la relación Estado-Iglesia Católica estuvo signada por diversas situaciones conflictivas. Esta particularidad del proceso político institucional argentino se manifestó con claridad durante el transcurso de nuestra tarea de relevamiento de los archivos eclesiásticos, en lo referente a la conservación de los mismos dentro del país y a las dificultades de acceso a la información.


EL PROCESO INSTITUCIONAL Y LOS PUEBLOS INDÍGENAS


Durante casi todo el período colonial, gran parte del actual territorio argentino dependió económica y políticamente del Virreinato del Perú y en materia judicial de la Audiencia de Charcas.

En 1776 se creó el Virreinato del Río de la Plata, con capital en Buenos Aires, a fin de acelerar el crecimiento económico local, aumentar los beneficios para España y mejorar las defensas contra el contrabando y las invasiones extranjeras. Buenos Aires emergió como un fuerte centro comercial. Entre el interior y la ciudad porteña comenzó a perfilarse la relación de dependencia que caracterizaría al país hasta nuestros días. En lo que respecta a nuestro trabajo de investigación, un aspecto del centralismo porteño se puso de manifiesto en la concentración de documentos de gran valor histórico que hallamos en el Archivo General de la Nación.

El Noroeste del país constituyó la primera región de asentamiento estable español, en la medida que los emplazamientos fundados por las corrientes colonizadoras del norte, lograron sobrevivir a los embates de los indígenas. Este es el caso de las actuales ciudades de Santiago del Estero, Tucumán, Córdoba, Salta y Jujuy. Ligadas a la explotación de las minas de plata de Potosí (Bolivia), constituían nexos para la remisión de dicho mineral a la metrópoli, a través de una cadena que concluía en el puerto de Buenos Aires.

En toda la zona la apropiación de mano de obra indígena se institucionalizó a través de la encomienda y la mita. Los pobladores resistieron el avance español, especialmente los pueblos de la Quebrada de Humahuaca y de los Valles Calchaquíes.

Sofocado el movimiento de resistencia, los indígenas sobrevivientes fueron destinados a trabajos agrícolas y a la producción textil, imponiéndose la lengua quechua como forma de homogeneizar lingüística y culturalmente a los distintas pueblos de la región. La mayoría de los aborígenes de la zona se mestizaron, conformando la base de la actual población criolla. Los principales agentes de la acción misional fueron las Ordenes religiosas de los Dominicos, Franciscanos y Mercedarios, quienes establecidos tempranamente desarrollaron una vasta tarea evangelizadora.

Es por lo tanto en la zona del Noroeste argentino donde se encuentra localizada la documentación de más antigua data en nuestro país (siglo XVI).

La región de Cuyo (provincias de Mendoza, San Juan y San Luis) permaneció hasta la creación del Virreinato del Río de la Plata, bajo jurisdicción de la Capitanía General de Chile. Los indígenas puestos bajo las órdenes de los encomenderos eran destinados al trabajo forzado en las minas del otro lado de la cordillera de Los Andes (siglo XVI). Los sobrevivientes se mestizaron dando origen a la población cuyana actual.

En La región del Noroeste (provincias de Misiones y Corrientes), los primeros pueblos de españoles permanecieron vinculados política y administrativamente a la ciudad de Asunción del Paraguay.

Es importante destacar en esta zona la labor de la Compañía de Jesús. En 1607 inició la organización de misiones en el Alto Paraná y en las adyacencias del Río de la Plata, llegando a constituir alrededor de 50 pueblos de indios. Su actividad fue interrumpida en el año 1767, fecha en que la Orden fue expulsada por Decreto Real. Los archivos de la Compañía de Jesús fueron enviados a la Casa de Roma.

En cuanto a los territorios del actual Chaco y la Patagonia, así como gran parte de la Pampa se mantuvieron fuera del alcance de la colonización y de los primeros intentos de organización del estado nacional. Los pueblos indígenas de la región conservaron su independencia hasta fines del siglo pasado (Pampa y Patagonia) y hasta los comienzos del siglo XX (Área Cultural Chaco).

Las numerosas etnias que habitaban las pampas y las extensas planicies patagónicas, a partir de la adquisición del caballo (constitución del 'horse complex') modificaron su hábitat y su cultura, aumentando su capacidad bélica y migratoria.

La expansión de las diferentes parcialidades mapuche o proceso de araucanización que alcanzó su punto máximo a mediados del siglo XIX, homogeneizó económica, política, lingüística y culturalmente a los grupos sureños en un vasto territorio que comprendía también la Araucanía chilena.

Luego de su derrota en la "Campaña del Desierto" (1885), sus territorios pasaron a jurisdicción nacional, quedando las tareas de evangelización a cargo principalmente de las Ordenes de Salesianos y Lazaristas.

Por tanto, en esta región (provincias de La Pampa, Río Negro, Neuquén, Chubut, Santa Cruz, Tierra del Fuego y algunas zonas de la provincia de Buenos Aires) al igual que en el Chaco argentino (Provincias de Formosa y Chaco), los materiales existentes en los Archivos, son de fecha relativamente reciente, fines del siglo pasado e inicios del presente. No obstante quedar prácticamente excluidos de los alcances del presente relevamiento, consideramos que se trata de un material valioso que debería ser tenido en cuenta en futuras indagaciones.


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