La autobiografía femenina latinoamericana como un discurso histórico-literario de carácter híbrido fusiona su estatus documental, su naturaleza ficticia y su carácter cultural a partir del modelo de representación de un sujeto femenino en un cuerpo-texto de agudas implicaciones ideológicas. Ciertamente el intenso debate crítico sobre la teorización del género autobiográfico durante los últimos treinta años parecería responder en gran parte a la "crisis" de referencialidad y de representación y auto/representación del sujeto.[1]
La problemática de género y autobiografía que se ha desarrollado a partir del debate crítico de la escritura femenina durante los últimos quince años ha girado paradójicamente sobre la esquizófrenica disyuntiva de la problematización de una política de identidad resistente a la deconstrucción del yo genérico y/o acorde a un modelo de "diferencia genérica". Como resultado de esta postulación doble, algunos críticos han definido el carácter de la escritura autobiográfica femenina en relación a la masculina oponiendo lo cronológico, lineal y coherente del discurso masculino a la escritura personal, íntima y fragmentada del sujeto femenino (Stanton 14-15, Benstock 29, Neuman 1-11). También se ha argumentado el carácter público de la auto/representación del sujeto masculino, en contraste al carácter privado del femenino, el individualista en oposición al relacional, el canónico masculino en oposición, al contracultural y subversivo femenino. En una segunda fase crítica, el modelo textual de "diferencia genérica" ha identificado estas cualidades discursivas "femeninas" como "normas culturales" cuestionando su operatividad a partir del imaginario dominante en el momento de la producción y recepción del texto (Stanton 11-15). A fines de los ochentas, Sidonie Smith en su A Poetic of Women's Autobiography (1987) examina el sujeto autobiográfico a partir de la historia cultural y en relación a la agencia, la represión, la estrategia de travestismo narrativo, la contaminación y (sub)versión del sujeto marginado de la narración autobiográfica en la cultura dominante. Tomando en cuenta los conceptos de poder y conocimiento en relación a la teoría de Foucault y a partir de Sidonie y de Paul Smith la crítica argumenta a partir de los noventas que el genéro es producido y condicionado por discursos sociales y "tecnologías" que construyen y constituyen al sujeto como nexo de una intersección de discursos. En esa forma, el texto autobiográfico acoge a un sujeto a partir de su intersubjetividad y no sólo del género registrando simultáneamente la experiencia de raza, clase, género, cultura, etnicidad, etc., (de Lauretis). [2]
Como apunta este proceso crítico en que se plantea la relación de autobiografía y género, el proceso de creación auto/biográfico, el impulso de registro e inscripción de su universo y el gesto de interpretación condicionan singularmente el itinerario de vida aprehendido a partir de un sujeto femenino. La consideración de "marcadores" escriturales femeninos y la identificación del sujeto autobiográfico como unidimensional, estable, centrado y canónico impone y prescribe una decodificación específica del texto en juego y del género en cuestión. Tomar como punto de partida un sujeto femenino descentrado, múltiple, marginal y en movimiento, posibilita un espacio interpretativo más abierto y de resistencia ante el modelo "canónico" del texto autobiográfico. Cualquiera que sea la postura del lector/crítico ante el discurso autobiográfico apunta necesariamente a la consideración del sujeto o de la voz femenina autobiográfica como una presencia socio-cultural y genérica significativamente visible al consumirse el texto.
Así, se hace necesario observar a partir de cualquier postura y desde cualquier posición ideológica, la forma, las estrategias, el sitio o la instancia del discurso en que se coloca la hablante autobiográfica, las superposiciones y entrejuegos textuales, la focalización y selección de datos presentados, las estrategias de narración y persuasión que articulan el texto y la posición de la voz autobiográfica femenina acorde al momento de creación, de producción, de publicación y de recepción de este artefacto cultural.
La escritora mexicana judía Margo Glantz obsesionada por una
búsqueda original, por un estilo y un espacio individual, por una inscripción marginal y alternativa problematiza y exhibe espacios culturales y sociales inusitados e insospechados en sus textos auo/biográficos Las genealogías (1981) y Síndrome de naufragios (1984) evidenciando esta problemática de la relación autobiografía y género. Glantz sedimenta el texto mexicano genealógico femenino registrando la identidad y el origen en Las genealogías (1981) seguido por Las hojas muertas (1987) de Barbara Jacobs, Antes y Mejor desaparece (1988) de Carmen Boullosa, La flor de Liz (1988) de Elena Poniatowska, La familia vino del norte (1988) y Héctor (1990) de Silvia Molina, algunos cuentos de Ethel Krause y La bobe (1990) de Sabina Berman por mencionar sólo algunos.
Las Genealogías inaugura el espacio autobiográfico del sujeto femenino judío desde una pluralidad de voces que intersectan momentos, espacios, encuentros y desencuentros. El otro, los otros y nosotros se vuelve punto de llegada y de partida de la biografía del exilio del sujeto judío tanto en relación a la narradora misma, como en cuanto a sus biografiados. Albúm familiar hecho del rescate de fragmentos, memorias olvidadas, historias acumuladas e inventadas, conversaciones provocadas, fotografías rescatadas, rememoración nostálgica. Ternura modelizada y registrada por una grabadora que recoge el ajuste de cuentas con un pasado y con un presente ded la historia personal y familiar, cultural y social, de la creación de teatro, poesía y cultural yiddish en el exilio, de la sobrevivencia entre negocios familiares con su madre a la cabeza, de la historia cultural judía que se va mexicanizando.
Nos interesa proponer una lectura de Genealogías de Margo Glantz con el objeto de observar la convergencia de sujeto, escritura autobiográfica y género. Específicamente deseamos observar el modelo de representación que estructura la auto/bio/historia del sujeto femenino que decodifica, selecciona, anota, transcribe y edita la crónica genealógica familiar desde la Rusia Zarista hasta el México de los sesentas. Como dice Margo Glantz autobiográfa:
Todos, seamos nobles o no, tenemos nuestras genealogías. Yo desciendo del Génesis, no por soberbia sino por necesidad. Mis padres nacieron en una Ucrania judía, muy diferente a la de ahora y mucho más diferente aún del México en que nací, este México, Distrito Federal, donde tuve la suerte de ver la vida entre los gritos de los marchantes de la Merced, esos marchantes que mi madre miraba asombrada, vestida totalmente de blanco.... (5)
Desde nuestra perspectiva, es precisamente este enmarcamiento singular del sujeto autobiográfico femenino el que problematiza y particulariza este texto al testimoniar trascendiendo la biografía familiar, social, cultural y nacional, objeto primordial de su relato desde una voz que/madura, que madura y que dice: "Y todo es más y no lo es y parezco judía y no lo parezco y por eso escribo estas--mis genealogías" (2o).
La posicionalidad del sujeto auto/bio/gráfico femenino que incide en Las genealogías registrando su perfil produce un enmarcamiento textual que marca, divide, encuadra y pone en relación los fragmentos narrativos afectando singularmente el silogismo textual de la identidad y memoria colectiva. Este enmarcamiento que se produce a destiempo y se registra caprichosamente en diversas instancias del discurso dibuja coordenadas situacionales que apuntan constantemente al momento de producción de la autobiografía, a la selección de datos autobiográficos en una grabadora, a la reflexión metacrítica sobre el género, al proceso de transcripción y creación última del texto, a la historización del itinerario de vida y al testamento personal de la narradora.
Prendo la grabadora (con todos los agravantes asegura mi padre) e inicio una grabación histórica o al menos me lo parece y a algunos amigos. Quizá fije el recuerdo. Mi madre me ofrece blintzes (crepas) con crema (el queso lo hace sobre todo ahora que ya no tiene un restorán que atender (y mi padre hace poesía "muy interesante"). Le pregunto acerca de su infancia y Jacobo Glantz contesta:
- Jugaba, comía y les busca el pupik (que equivale al ombligo a las niñas. Nadie me obligaba.
-[[questiondown]]Qué edad tenías?
- La edad media... (21)
Este sujeto femenino autobiográfico replantea una política de identidad singular ya que Margo Glantz más que ceder su voz a otros personajes como su padre Jacobo Glantz, su madre Lucía, y su hermana mayor se entrega a la búsqueda de sí misma, de su origen, de su identidad, de su ser y estar entre dos culturas: la judía y la mexicana. Como ha dicho Elizabeth Otero Krauthammer, "hablar de Las genealogías es hablar de ella misma y de un proceso de búsqueda de identidad a través de dos viajes en el espacio y en el tiempo" (867-869).
Esta posicionalidad del sujeto desde los márgenes de la narración colectiva, desde la frontera de la relación familiar y desde la óptica en movimiento desde la que maneja a su antojo la focalización del relato engendra una multiplicidad de lecturas que registran identidades, temporalidades y una política individual que pone en duda la dominación textual de la conformación y constitución de la biografía colectiva o familiar. Esta estrategia narrativa le permite a la narradora asumir la construcción de un sujeto plural o colectivo (los padres, la familia, los antepasados, las hijas) al mismo tiempo que conforma su auto/presentación y su autocontemplación. Este enmarcamiento directamente explícito o estrátegicamente minimalista inserta referentes geográficos, topográficos, físicos, sociales, culturales, religiosos y genéricos que condicionan la narración central y amplian su alcance simbólico. La voz que se asoma abrupta, sutil y calladamente, contradice la narración predominante parodiando, poniendo en duda, cuestionando, comentando lo dicho anteriormente en el relato por alguno de los personajes que pueblan este universo sea papea Jacobo, mamá Lucía, Lilly la hermana mayor o Renata una de sus hijas. La interferencia del sujeto oscila desde ser una línea que opera como vector textual, hasta ocupar casi una página que contiene su autorretrato: "Aquí de nuevo los recuerdos o las discusiones se confunden): por fin descubro que mi madre obtuvo el diploma de ayudante de médico, carrera superior a la de enfermería, allá por los años 22 de este siglo" (55).
Esta estrategia textual lleva al hablante femenino a poner en escena otra situación, otros personajes, otro tono, otra focalización, otra distancia entre su voz, lo narrado y el lector/oyente de estas Genealogías. Incorpora desde una cena familiar, un ceremonial familiar y cultural los sábados, un intercambio telefónico entre padre e hija sobre datos olvidados, una descripción del entorno físico, alusiones concretas a eventos personales o familiares, Al crear esta escenografía narrativa la voz autobiográfica afecta la historia familiar, revela y desmitifica el proceso de creación del texto, reafirma la autenticidad del relato en su formato de preguntas y respuestas entre padres e hija, y condiciona el registro del origen, la memoria, la identidad y la historia personal, conyugal, social, colectiva, cultural y hasta nacional.
la pregunta fue profética y me casé fuera del pueblo elegido, como la hija del protagonista, que al final de su vida (de casada porque el marido la abandona al poco tiempo gritándole cosas feas sobre su origen) se arrepiente. Yo no. Mis padres sufrieron mucho cuando me casé con un goi, pero se consolaron cuando supieron que por obra y gracia de la providencia mi marido era circunciso antes de su nacimiento y que algo le tocaba del Mesías. (198)
El último encuadre que nos da el sujeto-narrador-personaje nos ubica en una playa desde la que se automira y autodescribe como una silueta poniendo en perspectiva cincuenta años y sus recuerdos.
Este enmarcamiento situacional proporciona coordenadas que afectan la construcción y la relectura de las tensiones textuales entrehechas de la colaboración entre los diversos miembros familiares, la voz autobiográfica y el lector. La voz se nos entrega desde la fuente de enunciación como testigo, como critica, como observadora, entrevistadora, co-autora, colaboradora, viajera.
Repetir un acto mil veces condensa el recuerdo, pero los recuerdos traicionan aunque se recuerden mil veces en la mente. Jacobo niega ciertas minucias que antes recordaba y los calzones con encaje se transforman simplemente en encaje suizo, maravilloso, delicado, pero aún suelto, sin ropa que decorar. Mi padre dice que cada vez recuerda mejor las cosas de su infancia y que casi todo lo demás se borra: a veces resucita y yo lo aprovecho como buitre.(106)
Este marco situacional dispara en el texto su propia genealogía personal, intelectual, conyugal y familiar ya que a pesar de ceder su voz en la mayoría del texto a otros personajes para que cuenten sus propias historias, dialoguen, recuerden al azar, asocien, discutan, se contesten y se contradigan, esta voz reaparece, abre tematicas, parodia, pone en duda, deconstruye y desmitifica lo dicho o relatado. Asume y produce un movimiento textual que posibilita observaciones elípticas que contienen síntesis, análisis, contexto, presuposición y preconcepciones de la historia familiar que se derrumban o diluyen en el acto de rememoración o de reescritura (Otero-Krauthammer 870).
Los personajes en el texto de Glantz no son reflexiones sino refracciones textuales gracias a la posicionalidad múltiple de la voz femenina autobiográfica (Agosín). Este enmarcamiento singular deviene un acto legitimador del sujeto femenino, auto/grafía que lleva a la autobiógrafa a habitar su texto y al texto autobiográfico a habitarla, mientras cuenta su historia oblicuamente a partir de su deseo de saber, comprender, imaginar, sentir, entender su GENEALOGIA familiar y su GENEALOGIA individual.
Las voces familiares del padre, de la madre, de la hermana, en una rememoración de cincuenta años entretejen una historia quebrada que va acomodándose y encajando en un proceso de narratividad autobiografico alrededor de los conceptos de identidad, memoria e historia familiar, cultural y social. Asomarse en el texto, significa quebrar esta historia y condicionar la sintaxis argumental de la genealogía familiar contraponiendo una sintaxis fragmentada que nos da poco a poco la configuración de lo personal, las interrogaciones femeninas y los elementos culturales donde la identidad judía y mexicana se conjugan.
Al leer en detalle Genealogías se hace evidente que la confiabilidad del lector se agudiza gracias a esta ubicación de la voz dentro y fuera de la narración familiar. El nosotros que construye y compone la inscripción aparente de la genealogía como reflexión cultural adquiere otro significado y amplia su interpretación al desmantelarse las fronteras o territorios emocionales compartidos. De lo exterior a lo interior, de lo remoto a lo inmediato, de los parámetros canónicos a la hibridez textual, el texto auto/bio/gráfico de Margo Glantz se resiste a una narración cerrada y el sujeto que escucha y percibe a los otros además de registrar su memoria, impone la forma en que desea ser percibido. Así por ejemplo nos entrega su asombrada mirada cariñosa hacia el padre que envejece:
Mi padre sonríe. Para él lo único que cuenta es su barba, cada vez más rala y puntiaguda. También la libertad maravillosa que ha gozado en esa tierra, desde el momento mismo que puso aquí los pies, desde el momento mismo en que decidió seguir viaje hasta Veracruz con la anuencia y el dinero prestado del capitán del barco holandes que hasta aquí nos trajo... (176)
Los documentos, las fotografías, las pinturas, los libros y las cartas, se vuelven también objeto de su mirada, forma de exploración o identificación de hechos para ilustrar su propio presente y para rerear inventar más presentes"En los guardapelos se encimaban las fotos a los cabellos, colgados junto al pecho, calientito, especie de urna funeraria del recuerdo, ahora los repsao, los alineao, los coloco en hileras diferentes, trato de leer en ellas nuevas historias (241). [3]
Tiempo, espacio e identidad y cultura adquieren otra proporción a partir del movimiento que va desde el centro a la periferia, desde el centro a la escena argumental y hace evidente como se redefine la intersubjetividad conjugando al sujeto colectivo autobiografiado (genealogía) y al sujeto hablante femenino. Textualización cultural aparentemente "inocente" que trae consigo un juego de espejos ideológicos referenciales e intertextuales que amplían sobremanera el diseño autobiográfico del sujeto hablante y consecuentemente la interpretación última del texto.
Glantz como narradora-omnisciente del universo familiar narrativiza la historia social y cultural recogida a partir de ciertos autobiografemas--unidades de sentido en el discurso autobiográfico--al mismo tiempo que registra su propia historia individual acorde a su experiencia concreta, su circunstancia histórica y su identificación política y social a partir de la sociedad mexicana y de la cultura judía de su momento histórico. [4]
Entre los márgenes del texto rechazando todo silogismo autobiográfico rígido, la narradora Margo Glantz se autoidentifica y a partir de la genealogía personal, literaria y textual conjuga obra/vida y com/penetra sujeto individual y sujeto colectivo. Glantz no se oculta sino que se revela hábilmente para realzar la dimensión socio-cultural desde la que construye el perfil personal y familiar que mediatiza el texto. El sujeto femenino se asoma a la crónica familiar sin poder disimular bajo el texto que transcribe sus desacuerdos, sus ideas sociales a destiempo, la conciencia de su femineidad y del papel en su cultura/o la propuesta de un nacionalismo bicultural que la coloca a la vanguardia familiar, social, cultural, estética y política.
El proceso de lectura, interpretación y registro autobiográfico de Glantz apunta al deseo de romper códigos sociales, culturales y sexuales de su momento, a una desafiante postura intelectual y política al entregarse a su pasión escritural y a la catédra y la rebeldía familiar, una inquietante rebeldía social y cultural que la llevó dolorosamente a romper tabúes, convenciones y prohibiciones en su momento. Esta posicionalidad del hablante autobiográfico cuestiona el modelo de representación en juego, se resiste a su institucionalización y promueve un modelo de representación alternativo entre convergencias y disidencias textuales y de género.
Al inscribirse al sujeto desde este marco referencial se coloca y posicionaliza al lector implícito en un espacio discursivo en donde el libreto de vida es gesto social interpretativo, índice de subjetividad poética y signo social que pone en duda la expectativa cultural. Glantz asume la autobiografía como práctica cultural que comienza y termina a partir de una puesta en escena del sujeto colectivo familiar en relación a la problemática socio-cultural y política mexicanidad judía o de la judía mexicanidad.
Desde nuestra perspectiva es precisamente el cambio de índices auto/biográficos, la integración de biografemas individuales y colectivos, el enmarcamiento oscilante al margen del texto y el auto/retrato de Margo Glantz como intratexto lo que produce y genera un modelo de representación alternativo y diálectico. Al examinar cuidadosamente los efectos e implicaciones del enmarcamiento de esta voz femenina autobiográfica se hace patente que la política de representación del sujeto femenino capitaliza la auto/representación como búsqueda, autoconfirmación, cuestionamiento personal, social, político y cultural desde los márgenes de la historia familiar narrada. Reconstituir y reformular oblicuamente su imagen desde la mirada subalterna de un "otro" o de "los Otros" se vuelve en las Genealogías de Margo Glantz estrategia alternativa de carácter subversivo que va más allá de la factura de su testamento individual y personal.
Margo Glantz en Genealogías examina y analiza las relaciones genéricas en una cultura, la forma en que los individuos reflejan y resisten roles genéricos en un género, la manera en que culturalmente se internaliza y critica el discurso cultural en juego, al ampliar las fronteras y márgenes del género y el alcance de registro y articulación de la experiencia femenina transcrita. Muestra como las tensiones culturales y las contradicciones se internalizan, se combaten y se resuelven en un texto autobiográfico en términos individuales, síntesis de la cultura y de la historia. Margo Glantz revela en Genealogías no sólo al sujeto femenino observándose a sí mismo, sino a un sujeto mediatizador del conocimiento social y de los discursos culturales que la rodean y la ayudan a adquirir el sentido de sí misma y de su universo familiar entre las dos culturas: judía -mexicana, mexicana-judía.
Obra consultadas
Agosín, Marjorie. "Dialogando Las genealogías de Margo Glantz." Las hacedoras: mujer, imagen, escritura. Santiago: Ed. Cuarto Propio, 1993. 171-183.
Anzaldúa, Gloria. Borderlands/La Frontera: The New Mestiza. San Francisco: Spinsters, Aunt Lute, 1987.
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_____. Subjectivity, Identity, and the Body: Women's Autobiographical Practices in teh XX Century. Bloomington: Indiana University Press, 1993.
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